Calle Colo Colo. Aquí si que la puerta era grande. Era el lugar más impresionante que había conocido hasta entonces. Me acordé de este establecimiento cuando vi la película La Sociedad de los Poetas Muertos. (Y con las de Harry Potter también). Entre nuestras asustadas conversaciones de recreo circulaba la especie de que don Sirinio tenía una cámara secreta de torturas. Como éramos muy chicos no podíamos apelar a la Convención de Ginebra y los derechos humanos todavía no se habían inventado, por lo menos que supiéramos. A veces alguien tenía la suerte de ver a Mr. Dumbledore, perdón, a Mr. Ravel hacer una fugaz aparición por la escala de madera que tenía un reloj enorme. Me da la impresión de que una de las ventanas del primer piso (que aparecen en la foto) era de la sala de clases comandada por monsieur Espinozá. Chita que me costó volver a pronunciar las "r" en francés después de haber tenido clases con él.lunes, 30 de noviembre de 2009
Le collége des plus grands
Calle Colo Colo. Aquí si que la puerta era grande. Era el lugar más impresionante que había conocido hasta entonces. Me acordé de este establecimiento cuando vi la película La Sociedad de los Poetas Muertos. (Y con las de Harry Potter también). Entre nuestras asustadas conversaciones de recreo circulaba la especie de que don Sirinio tenía una cámara secreta de torturas. Como éramos muy chicos no podíamos apelar a la Convención de Ginebra y los derechos humanos todavía no se habían inventado, por lo menos que supiéramos. A veces alguien tenía la suerte de ver a Mr. Dumbledore, perdón, a Mr. Ravel hacer una fugaz aparición por la escala de madera que tenía un reloj enorme. Me da la impresión de que una de las ventanas del primer piso (que aparecen en la foto) era de la sala de clases comandada por monsieur Espinozá. Chita que me costó volver a pronunciar las "r" en francés después de haber tenido clases con él.miércoles, 21 de enero de 2009
¿Estaremos hablando como corresponde?
Hace unas cuatro décadas, cayó en mis manos un libro escrito por un sacerdote argentino en el que el autor se lamentaba amargamente por el hecho de que, el peor país en el que se hablaba el español era, precisamente, La Argentina, en tanto que, donde mejor se conservaban las tradiciones de Cervantes era en Chile. En el curso de los cuarenta años siguientes – y muy aceleradamente a partir de los setenta – el asunto tomó un cariz distinto: Ahora es – al decir de muchos latinoamericanos - justamente en Chile donde se habla el peor español de América.
Y no se trata únicamente de un mal que afecta a los estratos sociales más desposeídos (cuyo “argot” es difícil de entender incluso para sus connacionales) sino que se ha proyectado con fuerza hacia las capas supuestamente más “cultas”.
Tomemos como ejemplo a la televisión. En la pantalla podemos ver cómo presentadores, lectores de noticias, políticos (incluido el de mayor investidura nacional), comentaristas e invitados dicen, con singular desparpajo: “Tanto en Santiago y las demás regiones”. En lugar de “Tanto en Santiago cómo en las demás regiones”.
Frecuentemente escuchamos también cosas como “La temperatura máxima de mañana se estima en más menos treinta grados”. ¿En qué quedamos? ¿Será de treinta grados o de menos treinta grados? Recordemos que, en matemáticas, la expresión “más menos” señala dos números iguales en valor absoluto, pero con signo inverso, que satisfacen una determinada operación: La raíz cuadrada de nueve es más menos tres. Por lo tanto, la citada expresión no significa “más o menos” sino que “más y menos”.
Consideremos además que ya habíamos terminado reduciendo la expresión “Poco más o menos” a un simple “más o menos”. Ahora es “más menos” ¿Qué vendrá después? ¿”Mm” tal vez?·
Siguiendo con la televisión (ese aparato electrónico que, en sus inicios ocupaba un sector privilegiado del salón, transformando el círculo familiar en un semicírculo), es muy frecuente oír como los locutores emulan a Tarzán o al Gran Jefe Toro Sentado: “Desearles un buen fin de semana”, “Invitarlos al próximo programa” ¿Les cuesta mucho decir: “Hacemos propicia la ocasión para desearles un buen fin de semana” y “Queremos invitarlos al próximo programa”? ¿Desde cuándo se puso de moda emplear frases en lugar de oraciones, en los medios de comunicación masiva?
Estos son los mismos comunicadores que, a nivel mundial, decidieron que el segundo milenio comenzara el año 2000 y no un año después, como correspondía. Seguramente, para ellos, la segunda decena comienza con el número diez.
A propósito de esto mismo, se habla “del 2005”, del “2006”, etc., refiriéndose a los años recientes. ¿Escucharon alguna vez referirse “al 1998”, “ o al 1999”? Estoy seguro de que si usted le cuenta a un potencial comprador de su vehículo que el auto es del año seis, lo primero que va a pensar el pobre individuo es que se está hablando de 1906. Y, no obstante, lo correcto es: “El auto es de 2006 (no “del” 2006) o, más sencillamente “del seis”.
Agregue un detalle: El auto se encuentra con el seguro automotor pagado. ¿Se está usted refiriendo al seguro automotriz?, replicará él con toda probabilidad. No sacará nada con explicarle que “automotriz” es el femenino de “automotor” y que, como “seguro” es sustantivo de género masculino, pues, entonces…. No se esfuerce, no lo van a entender.
Si el comprador del vehículo no tiene mucha experiencia en la conducción, intente apoyarlo en la interpretación de las señales del tránsito. Algunas de las más conocidas son:
“No estacionar ambos costados”. Explíquele que lo que está escrito en el signo del tránsito no es lo que la lógica de un cerebro relativamente normal interpretaría: “Mi auto no es tan ancho como para ocupar ambos lados de la calzada al estacionarme. Por lo tanto ocuparía uno solo”
O “No estacionar toda la cuadra”. Mi coche mide menos de ciento veinticinco metros de largo, así que ocuparé unos cinco metros de esta cuadra, cuando mucho. Pero jamás ¡Toda la cuadra!
Intente esgrimir estos razonamientos ante un carabinero o un inspector municipal. Tiempo perdido.
“Resbaladizo con lluvia”. No intente explicarse porqué, en las zonas lluviosas, pavimentan con asfalto que se torna resbaladizo cuando llueve.
“Peligro de derrumbes”. ¿A qué velocidad tengo que conducir para evitar el derrumbe, por cuál costado de la vía y a qué hora?
Si de todas maneras le toca la mala suerte de verse involucrado en un accidente, la televisión dirá que fue derivado a la “comisería” del sector donde seguramente tendrá que plantearle sus descargos al “comiserio”
Ojo, que el accidente puede haberse debido a que usted no reaccionó prestamente ante la situación. Al dar la noticia, los medios anunciarán que se “paralogizó”. Lo que, según la Real Academia de la Lengua Española, significa que “intentó auto persuadirse con discursos falaces y razones aparentes”, o sea con paralogismos (razonamientos falsos o paralógicos). ¿Fue realmente eso lo que le ocurrió o simplemente se “paralizó” en la emergencia?
Cierto político, al triunfar en las elecciones municipales de Santiago dijo pomposamente “Hemos ganado la madre de todas las batallas”. Que ganó una suerte de batalla no cabe duda. Su error consiste en creer que “la madre de todas las batallas” era eso: una batalla. No es así, la madre de todas las batallas es un “arma”: la artillería. La expresión es atribuida a Napoleón I “La artillería es la madre de todas las batallas”.
Pero no solamente los personajes ilustres de la historia dejan frases o expresiones para la posteridad; también el vulgo tiene mucho que aportar. La expresión “pegar en la pera”, como sinónimo de aprovecharse de la hospitalidad de terceros es una derivación bastarda de la original “pegarse en la pera”. Esta hacía alusión al acto de beber o libar. El golpe era en el mentón del propio interesado y se lo propinaba inevitablemente él mismo con la coyuntura del pulgar al momento en que el vaso llegaba a su boca.
Es un hecho que el uso del lenguaje ha ido modificando tanto los significados de algunas expresiones como la forma en que estas se manifiestan, lo que ha ido paulatinamente derivando en un asesinato de la riquísima lengua que nos legaron los hidalgos. Sin embargo, algunas de estas derivaciones son francamente inaceptables, sobre todo en boca de personas cuyo trabajo es, supuestamente, transmitir la cultura.
Por mi parte, ofrezco disculpas si he cometido alguna equibokasión.
Y no se trata únicamente de un mal que afecta a los estratos sociales más desposeídos (cuyo “argot” es difícil de entender incluso para sus connacionales) sino que se ha proyectado con fuerza hacia las capas supuestamente más “cultas”.
Tomemos como ejemplo a la televisión. En la pantalla podemos ver cómo presentadores, lectores de noticias, políticos (incluido el de mayor investidura nacional), comentaristas e invitados dicen, con singular desparpajo: “Tanto en Santiago y las demás regiones”. En lugar de “Tanto en Santiago cómo en las demás regiones”.
Frecuentemente escuchamos también cosas como “La temperatura máxima de mañana se estima en más menos treinta grados”. ¿En qué quedamos? ¿Será de treinta grados o de menos treinta grados? Recordemos que, en matemáticas, la expresión “más menos” señala dos números iguales en valor absoluto, pero con signo inverso, que satisfacen una determinada operación: La raíz cuadrada de nueve es más menos tres. Por lo tanto, la citada expresión no significa “más o menos” sino que “más y menos”.
Consideremos además que ya habíamos terminado reduciendo la expresión “Poco más o menos” a un simple “más o menos”. Ahora es “más menos” ¿Qué vendrá después? ¿”Mm” tal vez?·
Siguiendo con la televisión (ese aparato electrónico que, en sus inicios ocupaba un sector privilegiado del salón, transformando el círculo familiar en un semicírculo), es muy frecuente oír como los locutores emulan a Tarzán o al Gran Jefe Toro Sentado: “Desearles un buen fin de semana”, “Invitarlos al próximo programa” ¿Les cuesta mucho decir: “Hacemos propicia la ocasión para desearles un buen fin de semana” y “Queremos invitarlos al próximo programa”? ¿Desde cuándo se puso de moda emplear frases en lugar de oraciones, en los medios de comunicación masiva?
Estos son los mismos comunicadores que, a nivel mundial, decidieron que el segundo milenio comenzara el año 2000 y no un año después, como correspondía. Seguramente, para ellos, la segunda decena comienza con el número diez.
A propósito de esto mismo, se habla “del 2005”, del “2006”, etc., refiriéndose a los años recientes. ¿Escucharon alguna vez referirse “al 1998”, “ o al 1999”? Estoy seguro de que si usted le cuenta a un potencial comprador de su vehículo que el auto es del año seis, lo primero que va a pensar el pobre individuo es que se está hablando de 1906. Y, no obstante, lo correcto es: “El auto es de 2006 (no “del” 2006) o, más sencillamente “del seis”.
Agregue un detalle: El auto se encuentra con el seguro automotor pagado. ¿Se está usted refiriendo al seguro automotriz?, replicará él con toda probabilidad. No sacará nada con explicarle que “automotriz” es el femenino de “automotor” y que, como “seguro” es sustantivo de género masculino, pues, entonces…. No se esfuerce, no lo van a entender.
Si el comprador del vehículo no tiene mucha experiencia en la conducción, intente apoyarlo en la interpretación de las señales del tránsito. Algunas de las más conocidas son:
“No estacionar ambos costados”. Explíquele que lo que está escrito en el signo del tránsito no es lo que la lógica de un cerebro relativamente normal interpretaría: “Mi auto no es tan ancho como para ocupar ambos lados de la calzada al estacionarme. Por lo tanto ocuparía uno solo”
O “No estacionar toda la cuadra”. Mi coche mide menos de ciento veinticinco metros de largo, así que ocuparé unos cinco metros de esta cuadra, cuando mucho. Pero jamás ¡Toda la cuadra!
Intente esgrimir estos razonamientos ante un carabinero o un inspector municipal. Tiempo perdido.
“Resbaladizo con lluvia”. No intente explicarse porqué, en las zonas lluviosas, pavimentan con asfalto que se torna resbaladizo cuando llueve.
“Peligro de derrumbes”. ¿A qué velocidad tengo que conducir para evitar el derrumbe, por cuál costado de la vía y a qué hora?
Si de todas maneras le toca la mala suerte de verse involucrado en un accidente, la televisión dirá que fue derivado a la “comisería” del sector donde seguramente tendrá que plantearle sus descargos al “comiserio”
Ojo, que el accidente puede haberse debido a que usted no reaccionó prestamente ante la situación. Al dar la noticia, los medios anunciarán que se “paralogizó”. Lo que, según la Real Academia de la Lengua Española, significa que “intentó auto persuadirse con discursos falaces y razones aparentes”, o sea con paralogismos (razonamientos falsos o paralógicos). ¿Fue realmente eso lo que le ocurrió o simplemente se “paralizó” en la emergencia?
Cierto político, al triunfar en las elecciones municipales de Santiago dijo pomposamente “Hemos ganado la madre de todas las batallas”. Que ganó una suerte de batalla no cabe duda. Su error consiste en creer que “la madre de todas las batallas” era eso: una batalla. No es así, la madre de todas las batallas es un “arma”: la artillería. La expresión es atribuida a Napoleón I “La artillería es la madre de todas las batallas”.
Pero no solamente los personajes ilustres de la historia dejan frases o expresiones para la posteridad; también el vulgo tiene mucho que aportar. La expresión “pegar en la pera”, como sinónimo de aprovecharse de la hospitalidad de terceros es una derivación bastarda de la original “pegarse en la pera”. Esta hacía alusión al acto de beber o libar. El golpe era en el mentón del propio interesado y se lo propinaba inevitablemente él mismo con la coyuntura del pulgar al momento en que el vaso llegaba a su boca.
Es un hecho que el uso del lenguaje ha ido modificando tanto los significados de algunas expresiones como la forma en que estas se manifiestan, lo que ha ido paulatinamente derivando en un asesinato de la riquísima lengua que nos legaron los hidalgos. Sin embargo, algunas de estas derivaciones son francamente inaceptables, sobre todo en boca de personas cuyo trabajo es, supuestamente, transmitir la cultura.
Por mi parte, ofrezco disculpas si he cometido alguna equibokasión.
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